ILUMINAS MI CORAZÓN

¡CAPITULO 3!

(Misterios por Descubrir)


Pasaron varios días desde la última vez que hablé con Kiara.

No sabía exactamente qué estaba pasando entre nosotros, pero algo había cambiado. Ya no eran las mismas conversaciones largas hasta la madrugada, ni las risas inesperadas, ni aquella costumbre de llamarme para contarme cualquier tontería del día. Todo se había vuelto distante… frío.

Me levantaba cada mañana revisando el teléfono esperando un mensaje suyo.

Nada.

Y aunque intentaba convencerme de que estaba exagerando, mi corazón decía otra cosa.

Una noche salí a caminar solo por las calles de Buenos Aires. El viento golpeaba fuerte y las luces de la ciudad parecían apagarse lentamente. Metí las manos en los bolsillos y seguí caminando sin rumbo fijo.

A veces sentía que mientras más quería acercarme a Kiara, más lejos estaba ella.

De repente sonó mi teléfono.

Era Joel.

—¿Dónde estás hermano?

+Kevin: Caminando un rato.

—Joel: ¿Otra vez pensando demasiado?

+Kevin: Creo que sí.

—Joel: Quédate ahí, voy para donde estás.

Me senté frente al mar mientras esperaba. Las olas chocaban una y otra vez como si intentaran decirme algo.

Minutos después llegó Joel.

—Joel: Hermano, tienes mala cara.

+Kevin: No sé qué pasa con Kiara.

—Joel: ¿Y si simplemente necesita tiempo?

+Kevin: El problema no es ese… el problema es que siento que la estoy perdiendo.

Joel guardó silencio.

Por primera vez lo vi preocupado.

—Joel: ¿Y si hablas con ella cara a cara?

+Kevin: Lo intenté… pero siento que me evita.

Joel me miró fijamente y luego bajó la cabeza.

—Joel: Hay cosas que a veces las personas no saben cómo decir.

Sus palabras se quedaron sonando en mi cabeza toda la noche.

Al día siguiente decidí ir a buscar a Kiara.

Caminé hasta su casa con aquella carta que había escrito días atrás. La llevaba doblada dentro de mi chaqueta.

Cuando llegué, vi algo que me dejó paralizado.

Kiara estaba sentada afuera de su casa… llorando.

Corrí inmediatamente hacia ella.

+Kevin: ¿Qué pasó? ¿Estás bien?

Ella levantó la mirada y rápidamente secó sus lágrimas.

—Kiara: Sí… estoy bien.

+Kevin: No, no lo estás.

Intentó sonreír, pero podía notar cómo su voz se quebraba.

—Kiara: Kevin… últimamente siento que todo está saliendo mal.

Me senté a su lado.

+Kevin: Puedes contarme lo que sea.

Kiara bajó la mirada hacia el suelo.

—Kiara: Tengo miedo.

+Kevin: ¿Miedo de qué?

Ella tardó varios segundos en responder.

—Kiara: De que las personas que quiero se alejen de mí.

En ese momento sentí algo extraño en el pecho.

Porque era exactamente lo mismo que yo sentía.

La miré fijamente.

+Kevin: Yo no me voy a alejar de ti.

Kiara sonrió levemente.

Pero detrás de esa sonrisa había tristeza.

Muchísima tristeza.

Esa tarde caminamos juntos hasta una pequeña plaza cerca de la iglesia. El cielo estaba nublado y el viento hacía mover lentamente los árboles.

Por primera vez en varios días sentí tranquilidad.

Nos sentamos en una banca y comenzamos a hablar de muchas cosas.

De la vida. De nuestros miedos. De nuestros sueños.

Incluso me confesó algo que jamás imaginé.

—Kiara: ¿Sabes algo Kevin?

+Kevin: ¿Qué pasó?

—Kiara: Antes de conocerte yo estaba muy mal.

La miré sorprendido.

—Kiara: Sentía que nadie me entendía.

Guardé silencio.

—Kiara: Pero contigo todo fue diferente.

Sentí cómo mi corazón comenzó a latir más rápido.

—Kiara: Tú llegaste en un momento donde ya no esperaba nada bueno.

No sabía qué responder.

Simplemente la abracé.

Y esta vez ella no se apartó.

Esa noche pensé que todo comenzaría a mejorar.

Pero estaba equivocado.

Dos días después recibí un mensaje anónimo.

“Ten cuidado con las personas que más amas.”

Me quedé mirando el teléfono durante varios minutos.

No entendía quién lo había enviado.

Intenté ignorarlo.

Pero algo dentro de mí comenzó a inquietarse.

Esa misma noche llamé a Kiara.

No respondió.

La llamé otra vez.

Nada.

Comencé a preocuparme.

Entonces decidí salir a buscarla.

Mientras caminaba por las calles sentía aquella misma sensación extraña que tuve la noche en que murió mi abuelo.

Como si algo malo estuviera a punto de ocurrir.

Llegué cerca de la iglesia y vi a alguien sentado solo afuera.

Era Martha.

+Kevin: Hola… ¿Qué haces aquí sola?

Martha levantó la mirada lentamente.

—Martha: Kevin… creo que hay cosas que no sabes.

Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.

+Kevin: ¿Qué cosas?

Ella dudó unos segundos.

—Martha: Kiara no ha estado bien desde hace tiempo.

+Kevin: ¿A qué te refieres?

Martha respiró profundo.

—Martha: Ella intenta ocultarlo… pero tiene miedo de volver a sufrir.

Mi mente comenzó a llenarse de preguntas.

+Kevin: ¿Qué le pasó?

Antes de responderme, Martha miró hacia la calle.

Como si temiera que alguien estuviera escuchando.

—Martha: Hay alguien del pasado de Kiara que volvió.

En ese momento sentí que el mundo se detuvo por completo.

+Kevin: ¿Quién?

Pero antes de que pudiera responderme, mi teléfono comenzó a sonar.

Era Kiara.

Contesté rápidamente.

+Kevin: ¡Kiara! ¿Dónde estás?

Solo escuché silencio.

Y luego… una voz quebrada.

—Kiara: Kevin… necesito verte.

La llamada se cortó.

Miré a Martha confundido.

Sin decir una palabra salí corriendo.

Porque por primera vez desde que conocí a Kiara…

sentí miedo de verdad.


Antes de salir corriendo miré una última vez a Martha.

Ella parecía nerviosa.

—Martha: Kevin… espera.

+Kevin: ¿Qué pasa?

—Martha: Solo ten cuidado con lo que escuches.

No entendí a qué se refería.

Pero tampoco tenía tiempo para pensar.

Guardé el teléfono rápidamente y seguí corriendo bajo las luces de la ciudad. Mi mente no dejaba de imaginar cosas.

¿Estaba llorando? ¿Le había pasado algo? ¿Estaba sola?

Miles de preguntas comenzaron a destruirme por dentro.

Mientras avanzaba recordé todas aquellas tardes junto a ella.

Las risas. Las caminatas. Las cartas. Las canciones.

No quería perder todo aquello.

Llegué cerca del parque donde solíamos hablar algunas noches.

Y ahí estaba ella.

Sentada sola en una banca.

Con la mirada perdida.

El viento movía lentamente su cabello mientras observaba las luces de la calle.

Caminé lentamente hacia ella.

+Kevin: Kiara…

Ella levantó la mirada.

Sus ojos estaban rojos.

Como si hubiera llorado durante horas.

+Kevin: ¿Qué pasó?

Kiara bajó la cabeza.

—Kiara: Perdón.

+Kevin: ¿Por qué me pides perdón?

Ella respiró profundo.

—Kiara: Porque siento que te estoy haciendo daño.

Sus palabras me golpearon fuerte.

Me senté a su lado.

+Kevin: Tú nunca me has hecho daño.

—Kiara: No sabes todo lo que pasa en mi cabeza.

+Kevin: Entonces cuéntamelo.

Kiara guardó silencio.

Y por primera vez desde que la conocí…

parecía completamente rota.

—Kiara: Hay noches donde siento que todo vuelve otra vez.

+Kevin: ¿Qué cosa?

Ella apretó sus manos.

—Kiara: El miedo.

No sabía exactamente de qué hablaba.

Pero podía sentir su dolor.

—Kiara: Antes de conocerte hubo alguien.

Sentí un vacío extraño en el pecho.

—Kiara: Alguien que me prometió muchas cosas… y al final solo me dejó tristeza.

Miré el suelo intentando procesar todo.

—Kiara: Cuando llegaste pensé que sería diferente.

+Kevin: Y lo será.

Ella me miró fijamente.

—Kiara: ¿Y si un día también te cansas de mí?

+Kevin: Eso nunca va a pasar.

Kiara sonrió levemente.

Pero aún parecía insegura.

Esa noche hablamos durante horas.

Le conté cosas que nunca había contado.

Le hablé de mi abuelo. De cómo me sentí vacío después de perderlo. De las noches donde no encontraba sentido a nada.

Y ella simplemente escuchó.

Sin interrumpirme.

Sin juzgarme.

Cuando terminé de hablar me abrazó fuerte.

Tan fuerte… que sentí que el mundo dejaba de pesar por unos segundos.

—Kiara: No estás solo Kevin.

Esas palabras quedaron grabadas en mi corazón.

Después de eso caminamos juntos hasta su casa.

Por momentos parecía que todo estaba volviendo a la normalidad.

Pero había algo raro.

Algo que no lograba entender.

Cada vez que sonaba su teléfono ella se ponía nerviosa.

Miraba la pantalla rápidamente y luego escondía el celular.

Intenté ignorarlo.

Pero era imposible.

Cuando llegamos frente a su casa decidí preguntarle.

+Kevin: ¿Pasa algo?

—Kiara: ¿Por qué lo preguntas?

+Kevin: Te noto preocupada.

Ella se quedó callada.

—Kiara: Solo son problemas.

+Kevin: Puedes confiar en mí.

Kiara me miró durante varios segundos.

Como si quisiera decirme algo.

Pero al final no lo hizo.

—Kiara: Buenas noches Kevin.

Entró a su casa lentamente.

Y yo me quedé afuera sintiendo que todavía existía algo oculto.

Esa madrugada casi no pude dormir.

Miraba constantemente el techo de mi habitación mientras pensaba en todo lo que había pasado.

Entonces recordé el mensaje anónimo.

“Ten cuidado con las personas que más amas.”

Tomé el teléfono y revisé nuevamente el número.

Desconocido.

Intenté devolver la llamada.

Pero no existía.

Sentí un escalofrío.

Decidí distraerme escribiendo música.

Era lo único que calmaba mi mente.

Tomé la guitarra de mi abuelo y comencé a tocar lentamente.

Cada nota me recordaba a Kiara.

Sin darme cuenta terminé escribiendo una canción sobre ella.

Sobre cómo había llegado a iluminar una vida llena de oscuridad.

Las horas pasaron rápido.

Y cuando menos lo esperaba alguien tocó la puerta.

Miré el reloj.

3:17 AM.

Fruncí el ceño.

¿Quién podría aparecer a esa hora?

Abrí lentamente.

Y al hacerlo sentí que mi corazón se detuvo.

Era Joel.

Pero algo estaba mal.

Estaba agitado.

Y tenía miedo en la mirada.

—Joel: Kevin… necesitamos hablar ahora mismo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ILUMINAS MI CORAZÓN

ILUMINAS MI CORAZÓN

¡EL CORAZÓN ESPERA! (Capítulo 3)